Ejercicio y Cáncer de Mamá

Movimiento y bienestar después del cáncer de mama

Puede ser difícil volver a activarse, especialmente cuando no te sientes bien. Sin embargo, el ejercicio regular puede convertirse en un gran aliado durante y después del tratamiento del cáncer de mama.

La actividad física no solo ayuda a mantener el cuerpo fuerte, sino que también puede:

  • Reducir el riesgo de recurrencia.
  • Disminuir la fatiga y el dolor.
  • Mejorar el estado de ánimo.
  • Contribuir al manejo del linfedema.

Diversas investigaciones han demostrado que el ejercicio tiene beneficios significativos en personas diagnosticadas con cáncer de mama. De hecho, en 2022 la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica recomendó incorporar ejercicios aeróbicos y de resistencia como parte del tratamiento oncológico.

El ejercicio como parte del cuidado

Hoy muchos especialistas hablan del “ejercicio como medicina”. Mantenerte activa ayuda a regular hormonas como la insulina y el estrógeno, favorecer un peso saludable, reducir la inflamación y fortalecer el sistema inmunológico.

Diversos estudios indican que la actividad física regular puede disminuir el riesgo de recurrencia del cáncer de mama y mejorar la supervivencia.

Pequeños movimientos diarios pueden generar grandes beneficios en tu bienestar.


El ejercicio puede ayudarte a vivir más tiempo

Un mayor número de pasos diarios se asocia con un menor riesgo de mortalidad en mujeres con antecedentes de cáncer de mama. Caminar entre 5.000 y 6.000 pasos al día puede reducir significativamente el riesgo de muerte, y aumentar los pasos diarios también beneficia la salud cardiovascular.

Pequeños movimientos pueden marcar una gran diferencia.

Tipos de ejercicio recomendados

Existen tres tipos principales de ejercicio, y cada uno aporta beneficios distintos:

  • Ejercicio aeróbico: como caminar o andar en bicicleta, ayuda a mejorar la salud cardiovascular y la resistencia.

  • Ejercicios de fuerza o resistencia: como pesas o bandas elásticas, fortalecen músculos y huesos.

  • Ejercicios de flexibilidad: como estiramientos suaves, mejoran la movilidad y reducen la rigidez.

Incorporar una combinación equilibrada puede favorecer una recuperación más completa.

Cómo hacer ejercicio de forma segura

El ejercicio puede practicarse antes, durante y después del tratamiento, siempre con las precauciones adecuadas.

Si antes del diagnóstico no realizabas actividad física, es importante comenzar lentamente. Si ya practicabas ejercicio, puedes retomarlo de manera progresiva, siempre con la aprobación de tu médico.

Las recomendaciones generales incluyen:

  • Evitar el sedentarismo y retomar actividades cotidianas lo antes posible.

  • Realizar hasta 150 minutos semanales de actividad moderada o 75 minutos vigorosa.

  • Incluir ejercicios de fuerza al menos dos veces por semana.

  • Incorporar estiramientos regularmente.

  • Comenzar despacio e incrementar progresivamente la intensidad.